El proyecto no se frena por el diseño: se frena por los textos

Hay una conversación que casi nunca ocurre al inicio y que decide si tu página sale en semanas o en meses: quién escribe lo que va a decir. El diseño se puede planear, la programación también, pero el contenido depende de que alguien se siente a explicar a qué se dedica el negocio. Aquí te contamos cómo se reparte ese trabajo en la práctica y qué puedes preparar desde ya.

Por qué el contenido frena más proyectos que la programación

Un diseñador puede estimar cuánto tarda una pantalla. Un programador puede estimar cuánto tarda una funcionalidad. Nadie puede estimar cuánto vas a tardar en decidir cómo describes tus servicios, porque eso depende de tu agenda, de si tienes fotos, y a veces de que el socio tiene que aprobar. Mientras tanto el diseño avanza sobre texto de relleno.

El costo aparece después: cuando llega el contenido real y resulta que el párrafo que se diseñó para tres líneas ocupa nueve, o que el servicio que iba de tercero es en realidad el más importante. Toca reacomodar y a veces rediseñar. Por eso conviene definir el contenido antes de que el diseño se dé por cerrado.

Las tres formas de repartir el trabajo

En la práctica hay tres arreglos posibles y conviene dejar claro cuál aplica antes de firmar. El primero: tú entregas todo el contenido escrito y la agencia solo lo monta. Es el más económico y el que más se demora, porque depende de tu tiempo. El segundo: tú entregas la información en bruto —notas de voz, un documento desordenado, lo que ya le dices a tus clientes por WhatsApp— y alguien le da forma. El tercero: te entrevistan y escriben todo desde cero.

Ninguno es mejor por sí solo. Lo que sí es un error es no definirlo: ahí es donde el proyecto queda esperando a que aparezca algo que nadie se comprometió a hacer.

  • Tú escribes todo: más barato, más lento, depende de tu disponibilidad
  • Tú das la materia prima y alguien la redacta: el punto medio más común
  • Te entrevistan y escriben por ti: más rápido para ti, mayor alcance del trabajo
  • Sea cual sea, debe quedar por escrito en la propuesta con fechas

Lo que ya tienes y no sabes que sirve

La mayoría de negocios cree que parte de cero y no es así. Las respuestas que le das a tus clientes por WhatsApp son, literalmente, el contenido de tus preguntas frecuentes. La forma en que explicas tu servicio por teléfono es el texto de esa página. Las fotos de trabajos terminados que tienes en el celular son tu portafolio.

Un ejercicio que funciona: durante una semana, cada vez que un cliente te pregunte algo por WhatsApp, guarda la pregunta. Al final tendrás la lista real de dudas de tu mercado, escrita con las palabras que usa la gente y no con las que usa tu sector. Eso vale más que un texto bonito escrito desde afuera.

  • Guarda las preguntas que te llegan por WhatsApp durante una semana
  • Anota cómo explicas tu servicio cuando te llaman: esa es tu página de servicio
  • Reúne fotos reales de trabajos hechos, aunque no sean profesionales
  • Identifica qué te preguntan siempre sobre precio y decide qué vas a responder en la web

Qué pedir en la propuesta para que esto no te pase

Cuando compares propuestas, mira si dicen algo sobre el contenido. Una propuesta que solo habla de páginas y funcionalidades está dejando fuera el punto que más suele retrasar. Que diga quién redacta, quién aprueba, con qué material se cuenta y qué pasa si el contenido no llega en la fecha acordada.

También conviene definir el mínimo para salir al aire. Una página puede publicarse con lo esencial y crecer después. Esperar a tenerlo todo perfecto es la razón por la que hay proyectos terminados que llevan meses sin publicarse.

  • Que la propuesta diga explícitamente quién escribe cada página
  • Fija fechas de entrega del contenido, no solo de diseño y programación
  • Define qué es lo mínimo para publicar y qué puede llegar después
  • Aclara quién aprueba: si son tres personas, el proyecto tardará el triple

Preguntas frecuentes

¿No se supone que los textos vienen incluidos?

Depende del acuerdo, y por eso hay que preguntarlo. Hay propuestas que incluyen redacción y otras que solo montan el contenido que tú entregas. Ambas son legítimas; el problema aparece cuando cada parte supone algo distinto y nadie lo puso por escrito.

No sé escribir. ¿Eso me va a salir mucho más caro?

No necesariamente. La mayoría de las veces no hace falta que escribas: alcanza con que expliques. Una llamada donde cuentas a qué te dedicas, a quién le vendes y qué te preguntan siempre da suficiente material para que alguien lo redacte.

¿Puedo usar los textos que ya tengo en Instagram o en el catálogo?

Sirven como punto de partida, pero rara vez funcionan tal cual. Un texto pensado para alguien que ya te sigue asume cosas que un desconocido que llega desde Google no sabe. Se aprovecha el contenido y se reordena la información.

¿Y si publico con textos provisionales y los mejoro después?

Es preferible a no publicar, siempre que lo esencial esté claro: qué haces, para quién y cómo te contactan. Lo que no conviene es salir al aire con texto de relleno visible, porque el visitante lo nota y pierde confianza de inmediato.

¿Tienes claro el negocio pero no sabes cómo ponerlo en la web? Cuéntanos a qué te dedicas y te decimos qué material hace falta y quién escribiría qué.

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